
De poco nos sirve un cerebro
brillante y un elevado cociente intelectual si no entendemos de empatía, si no
sabemos leer emociones propias y ajenas. Ser extranjeros del propio corazón y
de esa conciencia social donde aprender a conectar, a gestionar el miedo y a
ser asertivos es dejar a un lado valiosas capacidades. Porque la
inteligencia emocional es, lo queramos o no un pilar esencial para ser felices.
¿Qué es realmente la
inteligencia emocional?
Esta
dimensión responde a otro modo de entender la inteligencia más
allá de los aspectos cognitivos, tales como la memoria y la capacidad para
resolver problemas. Hablamos ante todo de nuestra capacidad
para dirigirnos con efectividad a los demás y a nosotros mismos, de conectar
con nuestras emociones, de gestionarlas, de automotivarnos, de frenar los
impulsos, de vencer las frustraciones…
- La inteligencia emocional empieza con la
conciencia de uno mismo y también con la conciencia social. Es
decir, cuando somos capaces de reconocer las emociones (y su impacto) en
todo lo que nos rodea.
- Asimismo supone entender que gran parte
de nuestros comportamientos y decisiones se basan en emociones. El
ser humano es una criatura emocional que un buen día aprendió a pensar y a razonar. Este puede parecer
un aspecto algo polémico pero no está exento de verdad. Entenderlo,
asumirlo nos permitirá tener un mayor control sobre nuestro
comportamiento.
El modelo de
Inteligencia Emocional y social, se basa en cuatro grandes áreas:
1. La
auto-consciencia, que permite comprender los propios sentimientos. Básicamente,
se compone de consciencia emocional, la auto-valoración y la confianza propia.
2. La consciencia
emocional se refiere al reconocimiento cómo las emociones afectan nuestro
desempeño. Seguidamente, la auto-valoración habla de un entendimiento de las
habilidades, fortalezas y debilidades propias. Por último, la confianza propia
se refiere al valor y coraje que viene de conocer las habilidades y fortalezas
propias.
3. La auto-regulación,
que se refiere a la capacidad de contener el exceso emocional cuando
respondemos a situaciones inesperadas. Los griegos antiguos la llamaban
sofrosyne (cuidado y la inteligencia en el gobierno de la vida propia),
mientras que los cristianos y romanos lo denominaban templanza.
4. La capacidad para motivarse, compuesta de la
habilidad para manejar y controlar las emociones hacia las metas personales y
objetivos propios, determinante del éxito. Estar motivado es hallar el “flujo”;
la energía que nos mantiene en movimiento que se encuentra entre la ociosidad y
la ansiedad paralizante.
"La pregunta no es si
eres inteligente emocionalmente. Sino, ¿de qué manera? ¿En cuál de todas las
capacidades?
- Daniel Goleman
El secuestro de la amígdala
Esa
Inteligencia Emocional está basada en los patrones cerebrales, con el
“secuestro de la amígdala” siendo el protagonista en muchas ocasiones.
Entendiendo por secuestro “esos momentos en los que las personas tienen una
respuesta emocional inmediata y abrumadora. Cuando es una emoción muy fuerte,
positiva o negativa. El típico momento en el que dices algo de lo que más tarde
te arrepientes. Cada vez que un CEO tiene un ‘secuestro de la amígdala’ son
malas noticias para el negocio, no hay duda”.
Cómo mantener a la amígdala tan inactiva como sea posible?
“Muchas escuelas ahora enseñan Inteligencia Emocional.
Y un ejercicio que utilizan es el de los semáforos. Recuerda la luz en rojo:
para, pausa, y relájate. Piensa antes de actuar”.Porque no se trata de reprimir
esa sensación… eso no es sano. No consiste en fingir o pretender que estás
calmado. Sino que de verdad te calmes.
¡Prestemos atención!
Nuestra atención, o la falta de ella, también ha sido
un tema a desarrollar por Golemandurante su intervención con un protagonista
principal: el smartphone.
“Es tu mejor amigo y tu peor enemigo. Pero sobre todo,
está lleno de distracciones”. Así, las normas de atención han cambiado para
todos, especialmente para líderes y ejecutivos. “Para un ejecutivo, significa
que estás presente las 24horas del día, los siete días de la semana. Un tiempo
durante el que estás recibiendo una cantidad de información exagerada. Y cuanta
más atención prestamos a esa información, menos atención nos queda para
concentrarnos en nosotros mismos. La distracción se ha convertido en algo
normal, pero es extremadamente ineficaz”.

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